El adiós a mi madre, daño colateral del COVID 19
- 7 abr 2021
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Actualizado: 28 ago 2021
A más de un año de que los gobiernos de diferentes países decidieran que encerrarnos en nuestras casas era la mejor opción mientras pensaban qué chingados hacer para enfrentar esta maldita enfermedad, de la que no tenían ni la más mínima idea de cómo combatir y que ilusamente creyeron que en tres meses terminaría, para luego salir como si nada a recuperar nuestras vidas y lo cual, evidentemente no pasó; creo que todos hemos tenido la pérdida de un ser querido, un amigo o un conocido, que ha fallecido a consecuencia de contagiarse ya sea por descuido de un familiar, descuido propio o simplemente porque, tal vez, le tocaba, no lo sé.
Pero ¿Qué pasa con las demás enfermedades? ¿Dónde quedó la atención médica para aquellas personas que no tenían COVID, pero si un padecimiento que requería de hospitalización, de una cirugía, de una constante supervisión médica? Muchas de ellas también están muriendo.
No tengo ni idea de cuántas hayan sido las personas que no recibieron sus tratamientos a tiempo, que los médicos o los hospitales priorizaron al COVID dejando de lado la programación de cirugías necesarias, acumulándolas en una lista de espera interminable para cuando la situación se normalizara, aun cuando no tenían ni puta idea de cuando sería esto y mientras tanto, estas enfermedades como la diabetes, el cáncer, la leucemia, las neuronales y todas aquellas que no eran una emergencia, fueron delegadas a menos importantes, dando paso a lo inevitable.
Sin un tratamiento, sin seguimiento, sin supervisión, sin cirugías, incluso, sin medicinas, muchas de las enfermedades de este tipo continuaron su proceso, algunas hasta retrocesos registraron y al necesitar atención de un hospital, los enfermos no acudieron, por miedo a que no les hicieran caso si no tenían síntomas COVID o por el contrario, que confundieran los síntomas y los ingresaran a la zona asignada para esta enfermedad, que mientras los médicos deciden si es o no, se pueden contagiar y puede que ya no salgan con vida de ahí; entonces, a ellos y a su propia familia no les quedo de otra más que intentar resistir a toda costa.
Conseguir las medicinas que el gobierno ya no surtía, a pagar la consulta de médicos particulares que, por arriesgarse incrementaron sus cuotas en tres o cuatro veces o más su valor real, pero que cuando se trata de la salud de quien amas, no importa el costo, no importa no comer, no importa trabajar el doble, no importan las deudas, la familia ve de dónde, pero los paga y todo se vuelve un círculo vicioso, los médicos continúan cobrando altas cuotas por cada consulta aun cuando el paciente no tiene COVID y la familia sigue viendo de dónde chingados saca el dinero para pagar y las deudas siguen acumulándose, mientras esperan con angustia la llegada de la solución o de un cambio en el sistema hospitalario.
Mi madre fue una víctima de los rezagos del COVID y sus daños colaterales, de la falta de empatía del gobierno que le retiró desde antes de la pandemia, las quimioterapias que tomaba y que la había ayudado a mantenerse muy estable durante mucho tiempo. La falta de este medicamento aceleró la metástasis del cáncer que padecía desde hace ocho años, uno de esos tumores que era operable, no fue retirado a tiempo y le hizo mucho daño a su organismo, no daré detalles de las condiciones en que su vida se apagó, pero de verla bailar sentadita en su cama en diciembre del año pasado y ayudarnos con la cena de navidad, en febrero 2021 ella ya podía ni moverse, ni hablar, ni comer.
Desde niños, los padres “nos preparan” para cuando ellos no estén; la misma sociedad y la propia naturaleza se encargan de decirnos que ellos partirán de este camino terrenal antes que los hijos y los nietos, y aunque dicen que no hay dolor más grande que perder un hijo - el cual espero no sentir nunca -, tampoco hay dolor que conozca que se asemeje a la partida de mi madre, no quiero ni imaginar qué será de mi cuando pase lo mismo con mi padre.
Mi madre y yo no fuimos amigas, no le conté de mis amores, ni de mis borracheras, hay cosas de mi vida muy dolorosas de las que nunca se enteró, probablemente no sabía cuál era mi postre favorito, pero sabía que me encantaba el pozole y la pancita que ella preparaba, cuidó de mi hija cuando era niña mientras yo tuve que salir a trabajar para solventar los gastos, muchas veces me regañó y otras muchas más no entendía mi forma de pensar, otras tantas me juzgó mal y no estuvo de acuerdo con mis decisiones, hoy me arrepiento de las cosas que dije por pensar que ella no era capaz de entenderme.
Me arrepiento de todo lo mal que me porté, de las veces que no le llamé, de todas las veces que di por hecho que estaba bien, de todas las veces que ignoré sus consejos por creer que ella no sabía, por creer que me odiaba por prohibirme cosas, cuando sólo trataba de cuidarme.
Hoy, me invade la tristeza porque sé que ya no escucharé más su voz diciéndome “¿Qué haces hija?” o un “¿Cómo está la bunny?”, ya no me contará por enésima vez lo que pasó con las vecinas, ni me dirá como preparar una receta de ella, ya no sabré cuánto ajo había que ponerle al pozole, ni escucharé sus malos chistes que nunca me causaron gracia.
No me llamará en mi cumpleaños y no podré darle un regalo por el día de las madres, no volveré a escuchar su voz cantando las canciones de Alberto Vázquez, ni volverá a verme con esa carita de duda que ponía cuando le explicaba qué hago en mi trabajo.
No sé cuándo, el color del mar volverá a parecerme azul o verde, cuándo volverá a tener sentido escuchar música, menos sé si algún día deje de querer compartir todo lo que no pude con ella.
La gente tiene razón en algo “no hay palabras para dar consuelo”, en mi pecho hay un agujero cada vez que pienso en ella y al redactar estas palabras me cuesta trabajo respirar, la extraño como nunca le dije que lo hacía y aunque tengo mala memoria, espero llevar conmigo siempre las imágenes de sus sonrisas y del brillo de sus ojos.
Honraré en vida su fortaleza y la valentía de su corazón, en mi linaje brillará su alma buena y nos guiará en el camino del bien, seremos hombres y mujeres trabajadoras, leales, honestas y guerreras como ella lo fue.
Y en la belleza del amanecer de cada día, veré su resplandor como una muestra de que estará conmigo siempre. #MiAurora



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