Vida, tiempo, dinero y pendejadas…
- 8 jul 2020
- 4 Min. de lectura
Hay días que no son buenos días, y no porque todo vaya mal, a veces es sólo que la saturación de tanto llega a un punto en el que simplemente quisieras no haberte levantado de la cama, no haber abierto los ojos para leer esos mensajes saturados de indicaciones, órdenes, recordatorios y obligaciones.
A veces necesitas un respiro de todo, de tanto, que olvides quien eres.
El peor error que cometemos de niños es querer ser adultos y no nos damos cuenta hasta que lo somos, vivimos en el acelere continuo, en un ir y venir tan rápido que, literal, la vida se te va. No es que el tiempo pase volando, es que nosotros lo apresuramos; desde que somos niños queremos ser mayores para poder hacer lo que queramos, desde algo tan simple como comer lo que se nos antoje o dormir tarde, hasta salir a divertirnos y no pedir permiso, pero en ese deseo no nos damos cuenta de lo maravilloso que es no tener que levantarnos temprano los fines de semana o de si estar enfermos, poder quedarnos a dormir todo el día apapachados por nuestras mamás, de salir a jugar con los amigos, y que entregar nuestras tareas, tener nuestro cuarto limpio y ayudar un poco en casa, no eran nada comparado con las obligaciones que llegan con la edad.
¿Cuántos hemos deseado regresar el tiempo?, volver a esa época en la que corríamos tras una pelota o jugamos stop con los vecinos de la calle, andar en bici y ponerle un bote vacío para que sonara como moto, tocar timbres y correr lo más rápido posible entre las casas, tal vez volver a ver a nuestra madre al final del día, mientras veía una telenovela, preparar ese postre de galletas con lechera o un delicioso arroz con leche quemado mientras esperábamos ver entrar a papá por la puerta, cansado del trabajo.
Cuando menos te das cuenta pasaste los 30, en esta época ser soltero y no tener hijos a estas alturas es una bendición, cuando hace una generación era un rasgo de fracasado – así que los solteros y sin hijos no chillen y no se quejen que son privilegiados -, sin embargo, ahora es una bendición y no lo digo porque los hijos sean malos, ¡no! Si son unas ternuritas – ¡ay aha! -, esos pequeños monstruos llegan a tu vida a cambiarla toda, la llenan de alegría, de emociones y de sentimientos que no sabías que podían sentirse, das la vida por ellos, pero también con ellos llegan más responsabilidades, más obligaciones, más gastos, más preocupaciones y todo eso es un motor en la vida, porque sabes que si no trabajas, no ganas y si no ganas, no pagas las cuentas y los gastos, todo se vuelve un círculo vicioso en el que en algún punto, puedes colapsar.
Todos los días son un despertar, trabajar, medio comer, volver a trabajar, dormir, despertar, trabajar, etc., y así hasta el día de pago para revisar tu cuenta y dividir tu lana entre la renta o el pago de la casa o el del carro, o ambos, colegiaturas, despensa, luz, gas, gasolina del auto, guardadito para los imprevistos y si bien te va, un poco para el ahorro, la comida de las mascotas, un poquito para diversiones o uno que otro gusto, y cuentas y cuentas por pagar.
De verdad hay veces en que el dinero se va como arena entre tus manos y tiene dos días que cobraste, faltan 13 más para la quincena y tú, ya estás con la lana justa para vivir sólo tres días más, ¿cómo harás? Aún falta comprar la comida de la siguiente semana, ya se acabó el papel de baño, el desodorante, el shampoo, el jabón y la vida, si, la vida sientes que se te acaba también.
¿En qué momento te diste cuenta lo caro que es ser adulto?, Claro, a menos que seas un rico heredero de las empresas de tu pá (en tono fresa) pues seguro no te preocuparás por estas pequeñeces, pero el resto de los mortales, lo vivimos día con día, por muy precavido que seas y por muy ahorrador, no conozco a nadie que haya ahorrado todos sus domingos, menos, ahorrado sus primeros sueldos en lugar de gastarlo en fiestas, ropa y alcohol, y cuando te das cuenta de cuánto ganas y cuánto gastas te arrepientes de no haber ahorrado tus domingos y esos sueldos que eran todos tuyos, porque no dabas un peso en casa de tus papás para los gastos, haces cuentas de lo que pudiste ahorrar y te preguntas ¿en qué chingados me gasté tanto dinero?
¡En pendejadas! Haces memoria de lo que compraste o en lo que gastaste y casi todo son pendejadas, no hay más, pero recuerdas lo bien que lo pasaste o lo espectacular que lucías con ese atuendo súper chic y entonces sonríes, porque en su momento valió la pena.
Y no es que me arrepienta de todo lo que he vivido – ¿ya para qué? – porque todo eso que he vivido, toda esa abundancia y todas esas carencias me hacen ser quien soy hoy, que tal vez, o más bien, estoy segura de que no soy lo que quise ser pero de algún modo me gusta lo que soy y aunque tenga días como hoy, en los que todo jode y nada parece salir bien, es sólo un día más de mi existencia, mañana será otro día y espero que pueda ser mejor, que las cosas fluyan con naturalidad, que el trabajo no me joda y que los gastos no me preocupen, que vea lo buena que ha sido la vida conmigo y disfrute mi momento, aunque tal vez pasado mañana vuelva a joder o en dos o tres días, ¡no lo sé! A veces creo que la vida te chinga a ratos para que te des cuenta que vale la pena vivirla.



Comentarios